Carácter personal y cultura organizativa, claves de la Ética de la Empresa

El comportamiento económico y la dinámica empresarial presentan múltiples facetas y dependen en gran medida de los contextos sociales. Hay, con todo, un par de aspectos que, sin duda, tienen una gran relevancia a la hora de explicar las prácticas en el ámbito económico y en el de la gestión de las empresas. De una parte, el carácter moral de las personas, adquirido, como segunda naturaleza, a base de repetir actos de manera libre y consciente, optando por una determinada manera de actuación; y de otra parte, el coste relativo que conllevara el actuar bien. La racionalidad técnica y económica, sobre todo, cuando se juega a corto plazo, puede requerir actuar sin principios éticos, en aras a una mayor rentabilidad económica. Por ello, es simple –y, con frecuencia, inexacto- decir que ser ético es siempre rentable.

No lo es: al menos a corto plazo. Y es sabido que, comportamientos nada éticos, estructuras inmorales, institucionalización de prácticas clientelistas y corruptas… todo lo que se engloba bajo el rubro del Crony Capitalism… es fuente y ocasión de beneficios pingües, si bien insostenibles en el plazo largo. Para las personas y las compañías que asuman como filosofía de vida y cultura de negocio el “pájaro en mano” y aquello de que “en el largo plazo, todos muertos”, la racionalidad económica demandaría conculcar cualquier principio moral, en aras de una última raya de la cuenta de resultados, cuanto más gorda, mejor.

Por consiguiente, cabría sacar de lo que va dicho, cuando menos, dos conclusiones: primera, que, si la decisión de actuar con ética en los negocios se fundamenta de manera exclusiva simplista en la expectativa de que, con ello, supuestamente se estaría en condiciones de ganar más dinero, la cosa no estaría mal, y ciertamente, siempre sería mejor que su contraria; pero, en el fondo, el planteamiento tendría más de estrategia comercial que de verdadera opción ética.

Y segunda, que es el carácter personal y la cultura organizativa los que generarán tomas de decisiones más o menos morales, precisamente, por el hábito adquirido –mos, en latín; de ahí, moral- como persona; o por la cultura generada en la empresa, a medida que las prácticas, políticas y el modus operandi se van institucionalizando y devienen fuente de nuevas y buenas tomas de decisión.

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