Librepensamiento, agnosticismo y Objetivos del Desarrollo Sostenible

Si como humanidad no queremos vernos despeñados por el precipicio de la auto aniquilación, no nos cabe otra: tenemos que transformar el sistema.

Esto, cuando menos, es en lo que parecen convenir unos y otros… Los más, en todo caso, de los que afirman tal concordia. Que son, sin ninguna duda, los que más fuerza tienen a la hora de sentar criterios, al momento de configurar opiniones, en la sazón de perfilar consensos… ¡Como si la ciencia tuviera menos que ver con la verdad que con los acuerdos de conveniencia!  ¡Ah! Y que Dios Nuestro Señor libre a cualquiera de no comulgar con dichas formas…  No digo yo, de discrepar de manera abierta arguyendo a contario, con otros datos en la mano… tan objetivos o sesgados como se quiera: que aquí, lo de dar con la cosa en sí, entender el noúmenon, ya sabemos, desde Kant, que no es dable al conocer –Wissen– humano; sí, en todo caso al pensar –Denken… Y, por pensar, se puede pensar de todo: desde la utopía a la quimera, pasando por la fantasía y el desvarío…

 

Como últimamente ya me van cayendo más rejonazos de los que estoy en condiciones de aguantar, aparcaré el asunto; no entraré a por esas uvas; no querré coger la lana… no vaya a ser que vuelva trasquilado yo… Me limitaré a dejar constancia de cómo entiendo lo que hubieron de haber tenido que pasar toda la suerte de extravagantes que en el mundo han sido; soy perfectamente capaz de ponerme en la tesitura de la turbamulta de discrepadores, nadando a contracorriente de la communis opinio… Creo que estoy captando la onda en la que emitieron todos los que, por mantener otra –hetero–  opinión –doxa-, fueron calificados de heterodoxos… ¡Bienaventurados ellos!, que muchas veces, eran los que tenían razón… eran quienes estaban en la recta –orto– opinión. Leer más… 

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